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Descargas Publicaciones - 9 de enero de 2015

“La preocupación por la blasfemia nunca debe limitar la libertad de información”

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En su informe titulado “Blasfemia: la información sacrificada en el altar de la religión” y publicado en 2013, Reporteros Sin Fronteras detalló las consecuencias que tiene el “delito” de blasfemia en todo el mundo. Desafortunadamente, este informe está todavía vigente y de actualidad, según explican en un comunicado. El ataque de este 7 de enero al semanario satírico Charlie Hebdo en París, en el que fueron asesinadas 12 personas, ha recordado los peligros a los que se exponen permanentemente los periodistas que tratan temas religiosos sensibles.

De nuevo en Francia, y en el resto del mundo, se ha vuelto a desafiar la libertad de los periodistas y su posibilidad de tratar temas religiosos, sea cual sea el formato, incluido el humor.

Los periodistas se enfrentan de manera creciente a todo tipo de tabúes y censuras por parte de grupos de influencia que pretenden imponerse a los demás. Entre los periodistas que reciben amenazas, sufren procesos judiciales o son atacados, se encuentran columnistas, escritores y caricaturistas.

El atentado contra la sede de Charlie Hebdo en 2011, como represalia tras la publicación de la edición especial “Charia Hebdo”, y el intento de asesinato del caricaturista danés Kurt Westergaard, en 2010, como respuesta a una publicación en el Jyllands-Posten de una caricatura de Mahoma, abrieron un debate sobre el “derecho a la blasfemia” que continúa hoy en día, en Europa y en el resto del mundo.

El informe de Reporteros Sin Fronteras cita numerosos casos, como la pena de muerte impuesta al bloguero Asif Mohiuddin en Bangladesh, o el juicio en 2011 al editor del periódico Tridevyaty Region, Boris Obraztsov, por sus críticas a la iglesia ortodoxa, analiza los peligros a los que se exponen aquellos que son acusados de blasfemia como vía para restringir su libertad de expresión.

El informe también profundiza en el uso político del cargo de “ofensa contra la religión” -una ofensa castigada muy duramente en muchas partes del mundo- y la política de muchos países y entidades, como la Organización para la Cooperación Islámica, para lograr imponer una prohibición internacional a la “blasfemia” o a la “difamación a la religión”.

Finalmente, el informe analiza las consecuencias de que la “blasfemia” esté considerada un delito en la legislación de muchos países.

Descarga el informe.

 

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