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Firmas Destacadas - 27 de enero de 2014

Periodismo versus entretenimiento

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Es frecuente que los alumnos de periodismo te cuestionen cuando explicas la importancia de actuar adecuadamente en la actividad profesional. Informar en vez de caer en el sensacionalismo. Cumplir con el rigor de la profesión y no recurrir al “copia y pega”. Repasar el código ético del periodista, identificar los principios del periodismo y la importancia crucial de garantizar el derecho a la información que tiene el ciudadano. Explicar estos temas implica superar una sensación de incredulidad en sus miradas que no nos puede dejar indiferente. Afortunadamente, al menos un porcentaje significativo de los futuros periodistas, son observadores críticos de los problemas que afectan a nuestra profesión y esperan respuestas que vayan más allá de unos contenidos previstos en una guía docente.

Recientemente surgió la polémica sobre cómo se informa a la ciudadanía en los espacios de televisión. Desde las tertulias hasta la transmisión de programas en los cuales se exponen casos como los del crimen de Alcasser, el de Asunta o el de Marta del Castillo. Recordemos otros hechos como el de Diego Pastrana. Ante estas prácticas periodísticas, más llamativas por su temática humana, la pregunta es recurrente: ¿Por qué se permite este tipo de actuaciones en los medios de comunicación?

Ante estos actos es fundamental posicionarse y asumir una reflexión personal: ¿Estoy de acuerdo con este tipo de tratamiento mediático de los hechos? Es oportuno despertar ante el adormecimiento que imponen las limitaciones del tiempo y la búsqueda de la audiencia. Reaccionar activamente, haciendo un llamado de alerta, porque al margen de la credibilidad del periodista están en juego el derecho del ciudadano a estar informado y la dignidad de las personas involucradas. Hay que insistir: entretener no es lo mismo que ejercer el periodismo. Es entendible la importancia de la audiencia puesto que en definitiva se sostiene por su rentabilidad económica; no obstante, ¿qué están dispuestos a sacrificar los dueños, los accionistas de los medios de comunicación o los propios periodistas?

Aunque el periodismo en algunas ocasiones pueda entretener no es su cometido y no está entre sus funciones. ¿El entretenimiento puede informar? Es factible; pero, tampoco tiene motivo para hacerlo. Sin embargo, el periodista tiene la obligación de informar y de informar correctamente porque el derecho a la información no le pertenece al periodista; es un derecho del ciudadano.

En el nombre de la libertad de expresión y de opinión se le concede a algunos espacios la validez propia de un espacio periodístico y de investigación. Sin embargo, si apelamos a qué es el periodismo y a nuestro código deontológico es probable que estén alejados del “deber ser” del periodismo. Por eso, los ciudadanos también debemos exigirle a los periodistas, y a los espacios informativos de las cadenas de televisión (extensible a otros medios), una información veraz, oportuna y que aborde adecuadamente los temas cruciales de la vida social.

Finalmente recordar que a pesar de la insistencia de algunos en promover una imagen negativa hacia el periodismo hay excelentes periodistas que ejercen con seriedad su actividad. Poco ayuda la campaña de descrédito que se le hace al periodismo cuando es fundamental su vigencia en una sociedad democrática. Las nuevas generaciones de periodistas, a pesar de las dificultades económicas que pudiera implicar, mantienen la ilusión de la “búsqueda de la verdad” y de asumir desde un medio informativo un trabajo honesto por y para la sociedad a la cual pertenecen.

Víctor Manuel Pérez

Periodista

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