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Firmas Destacadas - 16 de noviembre de 2017

Sobre la fotografía en situaciones de “alta tensión” informativa

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En los atentados, como el sufrido este verano en Barcelona y Cambrils, los profesionales de la información estamos obligados a superar sentimientos y dar paso a la profesionalidad. No es fácil, y menos al principio, separar una cosa de la otra o hacerlas cien por cien compatibles para que nuestros “usuarios” y “consumidores” tengan unos contenidos informativos de rigor y de calidad.

No entro en todos ellos, y me centro en lo que, actualmente, casi es lo primero que tenemos: las imágenes: Los dispositivos móviles permiten en tiempo real conocer los acontecimientos, que “saltan” en la mayoría de los casos sin control alguno, sin fiscalización del profesional, del que “sabe” o “debe saber”.

Todos hemos escuchado, visto y leído llamamientos a la prudencia, a la no difusión y emisión de determinados contenidos audiovisuales por su profunda carga sensorial y porque el acceso a las redes sociales está al alcance de todas las edades. En algunos casos se ha hecho efectivo ese llamamiento, pero bien es verdad que, algunas veces, el morbo se nos apodera por encima de las llamadas a la contención.

Pero nosotros, los profesionales de la información, sí tenemos toda la capacidad de “controlar” estas imágenes, por ejemplo, a la hora de decidir cuál o cuáles de ellas se publican en los medios escritos. Algunos que lean estos renglones puede que aún no estén en condiciones de tener esta responsabilidad, pero es posible que la adquieran en el futuro. Y entonces, qué hacer, cómo decidirse cuando desde fuera te llaman a la “prudencia visual”.

Encima de la mesa, ahora en el ordenador, hay cientos de fotos: propias, de agencias e incluso de aficionados, más o menos “fuertes”. Con ellas, siempre caben las dudas, pero hay que tomar una decisión, que siempre debe ser consensuada con otros responsables del medio escrito. La decisión siempre tendrá críticas por “excesiva” y, aunque vosotros podáis explicar y justificar que en las redes sociales y en las televisiones se han difundido y emitido audiovisuales más “fuertes”, no se logrará convencer a quien opina lo contrario. Y todo por algo tan sencillo como que una fotografía impacta más que una imagen animada. Y por eso, las llamadas y las críticas a los medios escritos suelen ser más activas e intensas que a otros medios de comunicación. Hay múltiples ejemplos que seguro que nos vienen a la memoria.

En periodismo, una foto fija supone un ejercicio riguroso de búsqueda para poder transmitir un hecho noticioso, complementado con un sentimiento o una emoción concreta que muestre algo de la historia que queremos contar, y también una posición o una postura ante los demás desde el medio en el que se publica. Las fotos son, quiérase o no, una parte de nuestra extensión de cómo somos como periodistas. Las imágenes fijas en los medios escritos se ponen a disposición de la reflexión de los lectores, de ahí también su mayor impacto, porque no pasan rápidas por su mente, sino que se meten en la memoria de cada lector, y no debemos olvidar que para cada uno es diferente. Dos personas miran la misma imagen y es casi seguro que no obtendrán siempre la misma “respuesta”. La fotografía retrata. Y en los retratos también se visualiza el tormento, la tragedia y las situaciones de violencia.

Por ello, los profesionales, ante situaciones de “elevada tensión informativa”, debemos mantener muy abierta y clara la oportunidad de transmitir con todo tipo de instrumentos, y por supuesto a través de la fotografía, las numerosas percepciones informativas que queremos contar. No olvidemos que la comunicación es una necesidad. Y volviendo de lo particular a lo general (es decir, de la foto a todo lo demás) cuando tengamos algo que decir, no dudemos en aprovechar todas las herramientas que la tecnología nos aporta para llevar a cabo la información, porque de esa manera también daremos a los “clientes y usuarios” visiones distintas con las que pueden enriquecer su información y nosotros la comunicación. Eso sí, sabiendo que con la foto mostramos algo que existe, y que su “vida” no acaba ahí, porque también sirve para rearmar o reconstruir un momento determinado en la historia, recordar acontecimientos de la vida cotidiana de cualquier otro tiempo, y, sobre todo, dar credibilidad.

 

Miguel Terrado

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